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jueves, 20 de diciembre de 2012

Independiente está que arde.



Un grupo de hinchas fue el predio de Villa Domínico, colgó banderas y se acercó a los jugadores y al DT Gallego. Hubo palabras de apoyo, pero también de reclamo. El que peor la pasó fue Morel Rodríguez. "Mi cáncer no me mata. Si nos vamos al descenso me voy a morir de tristeza", dice una de las banderas en Villa Domínico. (Télam).

Se trata, sobre todo, de un síntoma del Independiente de estos días. Es desesperación, es bronca, es furia. Esa gente que se acercó al predio Santo Domingo, de Villa Domínico, está harta. Y se queja, se fastidia. No es una movida estrictamente organizada. No son barras; algunos se identifican como integrantes de la Subcomisión del Hincha, otros son curiosos; varios son socios del club en tiempos de indignación. Algunos pusieron banderas hostiles. Lo cierto es que la tensión fue la principal protagonista de la mañana de entrenamiento de Independiente. Hablaron con Américo Gallego y con algunos de los jugadores. A Claudio Morel Rodríguez lo insultaron y el defensor paraguayo estuvo a punto de reaccionar. 
Los mensajes de las banderas resultaron inequívocos, aunque en la cornisa de lo desagradable: "Jugadores, mi cáncer no me mata. Si nos vamos al descenso me voy a morir de tristeza", decía una. Volvió otra que ya visitó varias veces el predio donde se entrena frecuentemente el plantel: "Poniendo + huevo se ganaba". Una retrataba lo que se juega Independiente en esta temporada de promedio escaso: "La vida por la historia". Y el mensaje principal era para los jugadores: "Háganse cargo". También hubo una contestación a Hernán Fredes, quien tras la derrota con San Lorenzo les había respondido a los hinchas: "Vení y jugá vos, papi". La respuesta en bandera fue: "Jugá vos, mami". Queda claro: está roto el vínculo de los hinchas con muchos de los jugadores. Y esa distancia se recorta de un solo modo: con victorias.

A Gallego también lo frenaron. El Tolo, último técnico en sacar campeón a Independiente (en 2002), bajó la ventanilla de su auto y los escuchó unos segundos. Le dejaron un papel que en letras negras decía: "La actitud no se negocia". Poco después salió Morel Rodríguez, el que peor la pasó. "Gil de mierda, bostero", fue el insulto. A algunos les ofrecían aliento; a la mayoría reclamos de máxima entrega para este momento complicado. A Fabián Vargas, el único con cierto respaldo entre los hinchas, lo aplaudieron. Una excepción en un contexto de infierno.

"CLARÍN"

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