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martes, 9 de abril de 2013

FECHA 8: All Boys 2-0 Independiente


No puede Independiente salir de ese infierno de numeritos. Está preso ahí, con esas cuentas que no le dan y para las que no aporta casi nada. Anoche, perdió ante All Boys, sumó su cuarta derrota en ocho fechas y se consolidó en ese penoso espacio de la tabla de los promedios que -por ahora- lo conduce a su primer descenso. La impresión crece jornada tras jornada: Independiente depende más de las caídas ajenas (sobre todo de Quilmes y de San Martín de San Juan) que de los éxitos propios. Debe mirar cómo les va a los rivales directos y rezar, también. Lo piensa su gente y lo retrata la tabla: su estado es desesperante.

Lo sabía Independiente: también en Floresta, en el arduo y breve territorio de All Boys, se jugaba una de las doce finales de su recorrido de definiciones. Y ante semejante escenario traumático, Gallego tuvo y tiene una idea: hay que buscar con todo porque los empates no sirven, no alcanzan. Ese plan puso sobre el campo de juego: invirtió mucho en ataque. Pero también en ansiedad. Es razonable lo primero; fue dañino lo segundo.

Ante ese Rey de Copas a los tropiezos, desesperado, All Boys fue la perfecta contracara: conocedor de sus límites y de las dimensiones de su campo de juego (el más pequeño junto al Diego Maradona de La Paternal), resulta pura lógica. No se complica, es sencillo. Cuando tiene la pelota, sus futbolistas hacen lo que señala el primero de los manuales: pasarle el balón al compañero más cercano. Sin vértigo, a ritmo manso; porque el equipo de Pepe Romero nunca tiene apuro.

Entre las necesidades de uno y las particularidades del otro, sucedió un detalle que le marcó un rumbo al partido: a los siete minutos, tras una falta de Velázquez a Vildozo, Brian Sarmiento transformó el tiro libre al borde del área en un golazo para repetir toda la semana y para aplaudir hasta la madrugada. Ese 1-0 parcial hizo más visibles las caras de cada uno.

Tuvo que ir Independiente, claro. Incluso a pesar de sí mismo y de las circunstancias (a los 15, lesionado, tuvo que salir Fabián Vargas, su mejor futbolista de este torneo Final). Y se desnudó otra vez. A diferencia del partido pasado (1-1 frente a Boca, en el Libertadores de América) careció de profundidad. En algo se pareció lo de anoche a aquella última cita reciente: tampoco supo dar el golpe. Sus delanteros no convierten; el resto de los futbolistas de ataque también están lejos del gol. Y así, como su promedio escaso, Independiente se deshilacha. Ya en el segundo tiempo, Gallego cambió, pero nada cambió. Entró Farías por un ya resistido Caicedo; probó con el pibe Adrián Fernández; lo mandó a Mancuello casi como extremo. Movió piezas, pero no encontró espacios ni posibilidades para acceder al menos a la igualdad.
Lo de All Boys fue previsible. Recortó espacios, presionó con prolijidad e intensidad, le hizo difícil jugar y avanzar en el campo. Jugó tranquilo. Sin brillos, es cierto. Pero con astucia y con practicidad. Esos dos argumentos que le permitieron ampliar la diferencia, con ese contraataque de Vildozo cambió por gol. Los mismos argumentos que le faltaron al Independiente en días de desesperación.

"CLARÍN"

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