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sábado, 20 de abril de 2013

Furia de barras y plateístas contra Cantero y el plantel.

La Policía utilizó balas de goma para alejar a los violentos. Las autoridades informaron que hubo heridos leves.

Amenazas. En Alsina, los barrabravas fueron dispersados después que mostraron intenciones de regresar al Libertadores de América. emmanuel fernandez.

El clima enrarecido que vive Independiente desde hace tiempo se manifestó en un nuevo episodio de violencia que esta vez involucró, en sectores diferentes, a barrabravas y también a plateístas.

Las escenas más duras se vivieron en el playón de estacionamiento donde unos 200 barrabravas enfrentaron a un cordón policial que les cerró el paso hacia el sector de los vestuarios. Los barras, en su intento de atravesar el cordón, les arrojaron piedras y otros proyectiles a los policías. Estos respondieron disparando ráfagas de balas de goma y los persiguieron hasta Alsina para terminar de dispersarlos.

Según informaron fuentes de la Agencia provincial de Prevención de la Violencia en el Deporte hubo ocho detenidos, todos ellos miembros de la barra brava que fueron trasladados a la comisaría 1ª de Avellaneda. También hubo algunos heridos leves.

Mientras tanto, otro centenar y medio de hinchas que bajaron del sector de las plateas intentó copar el hall de la cancha. No pudieron pasar la entrada ya que esta estaba tapiada con vallas de madera como las que se emplean en los recitales.

Aunque durante el juego casi no se habían escuchado insultos, allí los plateístas estallaron: insultaron y cantaron contra el presidente Javier Cantero y contra los integrantes del plantel.

En esos 20 minutos de furia volaron una mesa de plástico, un cesto de basura, botellas plásticas y otros proyectiles menores. Sólo pareció salvarse de los enojos el técnico Américo Gallego. El blanco favorito de los hinchas fue Cantero: los hinchas no sólo lo insultaron a voz en cuello sino que también exigieron su renuncia.

En un momento el grupo de plateístas intentó comenzó a empujar las vallas de maderas, pero la Infantería policial los hizo retroceder con sus escudos.

Poco a poco los policías lograron hacer salir a los hinchas de la zona del hall hacia el playón descubierto y formaron un cordón para proteger la zona de vestuarios. Sin embargo, los hinchas se mantuvieron cerca con la intención de esperar la salida de los jugadores y del técnico. Algunos permanecieron en el lugar esperando la salida del plantel, pero la mayoría optó por alejarse a los pocos minutos.

De cualquier manera, y por seguridad, se decidió que el micro con los jugadores no saliera por Alsina, como es habitual. En cambio, los jugadores y colaboradores del cuerpo técnico fueron conducidos hasta el vestuario visitante y usaron una salida alternativa.
El operativo contó con 700 efectivos policiales y además hubo vigiladores privados para reforzar la custodia de los futbolistas. Antes del partido se secuestraron alrededor de 1.200 bengalas.
La presencia policial no sólo se notó en los accesos al Libertadores de América sino también dentro del mismo campo de juego, especialmente detrás de los bancos de suplentes. Todos signos inequívocos de una tormenta de furia y desazón que no cesa.

"CLARÍN"

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